sábado, 26 de septiembre de 2015

De los raros

  Maya; con su mochila al hombro, como de costumbre. No mira a nadie, como de costumbre.
  Es de esos; de los que no creen al ser humano como una especie social, de los que no manifiestan su presencia, esos que no pretenden ser el centro total de atención, a los que les importa bien poco la fama con la que el resto de adolescentes sueñan... de esos a los que repudian los demás porque claro, son raros.
  Ella ha descubierto lo que tiene que hacer, por qué tiene que hacerlo y los demás lo descubrirán tarde o temprano. Ella no quiere seguir siendo. Ella quiere brillar por sí misma, no por el foco con el que le apuntan los demás. 
  Maya se dirige sin paraguas al río, no le gusta la lluvia pero no le molesta mojarse ese raro y tormentoso dieciocho de abril.
  Piensa en el chico rubio que la señala desde el otro lado de la clase mientras cuchichea y se ríe. La niña que le hace la zancadilla para mofarse de ella. La amiga que no tiene. Las flores que tendrá.
  Hay veces que se pregunta por qué todo aquello, por qué a ella si nunca ha querido llamar la atención. La respuesta es siempre la misma y se repite en su cabeza una y otra vez: el problema eres tú.

  Sólo hubo una cosa en la cual la joven adolescente no estuvo equivocada. Desde este día gris su nombre grabado en latón descansa sobre el puente decorado con miles de  flores

Maya.